- Los radares remolque Poliscan, apodados 'Cybertruck', son dispositivos móviles y autónomos que pueden operar sin conexión eléctrica ni supervisión constante.
- En Francia, estos radares representaron solo el 7.5% del total en 2022 pero generaron más del 25% de las multas, mostrando una eficacia desproporcionada.
- Cataluña lidera su implementación en España con diez unidades, planeando expandir la flota en 2026 para focos de siniestralidad como la AP-7.
- Su despliegue podría reducir accidentes graves, pero genera debate sobre transparencia y si prioriza la seguridad o la recaudación.
Un remolque metálico con formas angulosas y un aspecto que parece salido de una película de ciencia ficción está apareciendo en las carreteras españolas. No es un vehículo experimental, sino un radar de tráfico de última generación que ya ha demostrado su eficacia en otros países europeos. Conocido coloquialmente como 'radar Cybertruck' por su parecido estético con el pickup de Tesla, este dispositivo representa un salto tecnológico en la vigilancia de la velocidad, combinando movilidad, autonomía y una capacidad de detección que ha disparado las sanciones donde se ha implantado.
Este avance tecnológico redefine el control de velocidad en carreteras, impactando directamente en la seguridad vial y las sanciones económicas para conductores, con lecciones clave desde Europa.
El dispositivo detrás del apodo
Aunque el mote 'Cybertruck' se ha popularizado en foros y redes sociales, el sistema tiene un nombre oficial: Poliscan Enforcement Trailer, fabricado por la empresa alemana Vitronic. Su diseño disruptivo no es solo una cuestión estética; responde a necesidades funcionales clave. A diferencia de los radares fijos tradicionales, este modelo se instala en un remolque que puede trasladarse fácilmente entre ubicaciones, lo que permite desplegarlo en puntos negros de siniestralidad o tramos donde no existe infraestructura permanente. La ventaja operativa es clara: flexibilidad geográfica sin los costes de instalación fija.
El sistema está diseñado para funcionar de manera completamente autónoma. Incorpora baterías de alto rendimiento que le permiten operar durante largos períodos sin conexión a la red eléctrica, eliminando la dependencia de tomas de corriente en carretera. Una vez activado, puede monitorizar múltiples carriles simultáneamente, capturando infracciones con precisión y generando expedientes sancionadores automáticamente. Esto reduce la necesidad de presencia policial constante, optimizando recursos humanos.
Un dispositivo móvil que en Francia generó una de cada cuatro multas de velocidad llega a las carreteras españolas.
Cómo funciona la tecnología
El Poliscan Enforcement Trailer utiliza tecnología lidar y cámaras de alta resolución para medir la velocidad de los vehículos. A diferencia de los radares de microondas tradicionales, este sistema puede capturar imágenes nítidas incluso en condiciones de baja visibilidad o de noche, gracias a sus sensores mejorados. La información se procesa in situ, y las infracciones se transmiten electrónicamente a los centros de gestión, acelerando el proceso administrativo.
Uno de los aspectos más innovadores es su resistencia al sabotaje. El remolque incluye sensores de movimiento, cámaras de vigilancia y estructuras reforzadas que dificultan manipulaciones. En Francia, donde estos dispositivos llevan años operativos, se han reportado intentos fallidos de vandalismo, demostrando su robustez. Esta durabilidad asegura una vigilancia continua en zonas remotas o de alto riesgo.
Despliegue en España: Cataluña a la cabeza
En España, Cataluña ha sido la pionera en la implementación de estos radares remolque. Según datos del Servei Català de Trànsit, los primeros dispositivos se incorporaron en 2023, y actualmente hay una flota de diez unidades operativas. La estrategia se centra en ampliar este número durante 2026, con especial atención a corredores de alta siniestralidad como la AP-7, donde la velocidad excesiva es un factor recurrente en accidentes.
La elección de Cataluña no es casual. La región tiene una de las redes viarias más densas de España y un historial de innovación en seguridad vial. La movilidad de estos radares permite adaptarse a patrones de tráfico cambiantes, como los picos de fines de semana o vacaciones, cuando los conductores tienden a aumentar la velocidad. Además, su presencia impredecible actúa como disuasorio psicológico, potencialmente reduciendo infracciones más allá de las sanciones directas.
Lecciones desde Francia: un precedente impactante
Para entender el potencial de estos dispositivos en España, es crucial mirar a Francia, donde llevan años desplegados. En 2022, Francia contaba con aproximadamente 340 radares remolque, lo que representaba solo el 7.5% del total de dispositivos de control de velocidad en el país. Sin embargo, su impacto fue desproporcionado: generaron más del 25% de las 25.5 millones de multas registradas ese año. Esto significa que, aunque eran una minoría en número, su eficacia en detectar infracciones fue muy superior a la de los radares fijos.
Los datos franceses revelan patrones interesantes. Estos radares tienden a ubicarse en zonas donde los conductores no esperan controles, como carreteras secundarias o tramos interurbanos sin vigilancia habitual. Su movilidad les permite rotar entre ubicaciones, evitando que los conductores memoricen puntos fijos de control. Como resultado, han contribuido a una reducción medible en la velocidad media en las carreteras donde operan, según estudios del gobierno francés.
Implicaciones para la seguridad vial y la economía
La llegada de estos radares a España tiene implicaciones que van más allá de las multas. En términos de seguridad vial, la evidencia sugiere que la vigilancia móvil y autónoma puede reducir accidentes graves. Un informe de la Dirección General de Tráfico (DGT) indica que el exceso de velocidad está involucrado en aproximadamente el 30% de los siniestros mortales en España. Al aumentar la detección en puntos críticos, estos dispositivos podrían salvar vidas, alineándose con los objetivos europeos de reducir muertes en carretera a cero para 2050.
Económicamente, las multas generadas representan un ingreso significativo para las arcas públicas. En Francia, se estima que los radares remolque aportaron cientos de millones de euros en sanciones anuales. En España, con una flota en expansión, este impacto podría ser similar, financiando mejoras en infraestructura vial o campañas de concienciación. Sin embargo, también surge el debate sobre si el enfoque debería ser punitivo o educativo, con críticos argumentando que las multas masivas pueden generar resentimiento entre los conductores.
Perspectivas de futuro y controversias
El despliegue de estos radares no está exento de polémica. Algunas asociaciones de automovilistas han expresado preocupación por la opacidad en su ubicación y la falta de señalización previa, argumentando que puede percibirse como una 'caza de multas' en lugar de una medida de seguridad. En respuesta, autoridades como la DGT han subrayado que la prioridad es disuadir el exceso de velocidad, no recaudar, y que la movilidad de los dispositivos es clave para su efectividad.
Tecnológicamente, se espera que estos sistemas evolucionen hacia una mayor integración con plataformas de datos en tiempo real. Futuras versiones podrían conectarse a sistemas de navegación como Google Maps o Waze, alertando a los conductores sobre su presencia como parte de estrategias de advertencia preventiva. Además, podrían incorporar inteligencia artificial para analizar patrones de conducción riesgosos más allá de la velocidad, como distracciones o maniobras bruscas.
En el contexto europeo, España se une a países como Alemania, Italia y el Reino Unido, que también están adoptando tecnologías móviles de vigilancia vial. Esta tendencia refleja un cambio hacia enfoques más dinámicos y basados en datos para la seguridad del tráfico. A medida que aumente la flota, será crucial monitorizar su impacto en las estadísticas de siniestralidad y la percepción pública.
“Los mercados están siempre mirando al futuro, no al presente.”
— Xataka
— TrendRadar Editorial